Cambio climático II: impactos, mitigación y adaptación

En el artículo del otro día vimos cómo sabemos que:

(1)   el planeta se está calentando,

(2)   ese calentamiento está causado por más efecto invernadero, y

(3)   este mayor efecto invernadero se debe a la actividad humana

En este segundo artículo enumeraremos brevemente los

(4)   impactos del calentamiento global, y las

(5)   medidas para mitigar y adaptarse al cambio climático

4. Impactos del calentamiento global

El aumento de temperatura global produce una serie de cambios que afectan a la actividad humana:

–       Nivel del mar: se eleva debido a dos procesos derivados del calentamiento global:

El nivel del mar ha aumentado unos 20 cm durante el s. XX y se estima que para finales de este siglo puede aumentar más de 1 metro con respecto a los niveles de 1990, afectando a 100 millones de personas que viven en zonas costeras bajas.

–       Fenómenos meteorológicos extremos:

Sequía: aunque pueda resultar paradójico, también se espera un aumento de las zonas afectadas por sequías, debido a que, aunque precipite más intensamente, precipita con menos frecuencia. Fundamentalmente se debe a la expansión del cinturón de altas presiones asociado a la célula de Hadley y, dado que actualmente está justo al sur del mediterráneo, se espera que afecte especialmente a España y la cuenca mediterránea.

acidificación de los océanos por disolución de CO2

–       Alimentación:

–       Enfermedades: se teme que puedan cambiar los vectores de determinadas enfermedades (p.ej. malaria y dengue), incluidas enfermedades que puedan afectar al ganado (sobre todo la lengua azul) y a la agricultura.

–       Biodiversidad: existe la errónea creencia de que temperaturas elevadas favorecen la biodiversidad, cuando el registro geológico muestra precisamente todo lo contrario, que periodos cálidos se corresponden con escasa biodiversidad y viceversa: los periodos fríos tienen más biodiversidad. La biodiversidad que observamos en los trópicos no se debe a que tenga altas temperaturas, sino a que la temperatura es estable; la estabilidad climática es lo que favorece la biodiversidad. De hecho, muchas extinciones masivas estuvieron relacionadas con cambios climáticos (p.ej. la del Paleoceno-Eoceno o la del Pérmico). De todos modos, el impacto esperado del calentamiento global en la biodiversidad no se debe tanto a la “cantidad” del calentamiento que se espera, sino a la velocidad del calentamiento, que es muy rápido comparado con otros cambios climáticos, como por ejemplo el paso de una glaciación a un periodo cálido interglaciar (unos 6ºC en 5.000-10.000 años), lo que dificulta las posibilidades de adaptación de las especies. La presión del cambio climático viene además a sumarse a otras presiones antropogénicas importantes, sobre todo la fragmentación de los hábitats. En este terreno, el ártico es un ecosistema especialmente vulnerable, al no disponer de zonas igual de frías a la que migrar.

–       Economía: a parte de las cuantificaciones económicas de los impactos meteorológicos del cambio climático, periodos cálidos se han relacionado también con situaciones de guerras civiles en África, cambios sociales históricos e incluso con la desaparición de civilizaciones.

Esta lista no está, obviamente, cerrada, hay multitud de ramificaciones del cambio climático que no están incluidas en este resumen. Es cierto también que habrá algunos impactos positivos (p.ej. mejora de la agricultura en zonas demasiado frías actualmente, apertura de nuevas rutas comerciales por el deshielo del océano glacial ártico, etc), sin embargo todas las evaluaciones de impactos concluyen que los efectos negativos superan con creces a los negativos. Y es lógico, dado que este es el clima al que nos hemos adaptado; este es el clima en que se ha desarrollado nuestra actual civilización, y actualmente el tradicional mecanismo de adaptación a los cambios climáticos, la migración, no resulta viable en una sociedad sedentaria, con gran parte de su riqueza invertida en bienes inmuebles, en un mundo superpoblado, con recursos limitados, y repleto de fronteras entre países soberanos.

4. Medidas de mitigación y adaptación

Aquí entramos ya en la parte política: ¿qué se debe hacer? Antes de enumerar las diferentes opciones, hay que tener claros dos conceptos importantes:

El cambio climático es irreversible. Incluso aunque consiguiésemos eliminar por completo todas nuestras emisiones de efecto invernadero (un objetivo harto difícil), enseguida se alcanzaría un nuevo equilibrio en el ciclo del carbono, manteniendo estable la concentración atmosférica del CO2 durante al menos 1.000 años, de modo que la temperatura se estabilizaría, pero no descendería, mientras que el nivel del mar continuaría aumentando durante siglos (por la inercia en el deshielo de los casquetes polares). Este es precisamente el motivo por el que el CO2 es el gas más preocupante de los diferentes gases de invernadero que emitimos. En resumen: eliminando la causa (las emisiones de gases de efecto invernadero) puedes detener el calentamiento global, pero no echarlo atrás (ver Solomon et al 2009, Wigley 2005, Meehl et al 2005, Hare y Meinshausen 2006, Gillet et al 2010, o el resumen del informe del IPCC 2007).

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Los análisis económicos concluyen que el coste de la inacción supera con creces a los costes de las medidas de mitigación. El análisis más exhaustivo en este sentido es el Informe Stern, que estima que los costes de la mitigación son de en torno al 1% del PIB, mientras que el coste de no tomar medidas puede llegar al 20% del PIB. Otros estudios llegan a las mismas conclusiones:

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En resumen: mitigar el cambio climático es económicamente rentable.

Una vez vistos estos dos conceptos previos (irreversibilidad y rentabilidad), podemos pasar a ver las concretas políticas que existen para afrontar el cambio climático, que se dividen en dos grandes grupos de medidas en función de su objetivo:

–         Mitigación: el objetivo de estas medidas es frenar el calentamiento, fundamentalmente intentando detener el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera de nuestro planeta.

–         Adaptación: medidas cuyo objetivo es adaptarse al cambio climático que tendrá lugar, es decir, reducir su impacto en nuestras condiciones de vida.

El cambio climático es un fenómeno de tal magnitud, que por mucho que mitigues siempre va a haber algún impacto, por lo que se considera que hay que tomar medidas tanto de mitigación como de adaptación.

Ejemplos de medidas de adaptación serían, por ejemplo, construir diques defensivos para prevenir inundaciones en zonas inundables, hacer una planificación urbanística  que tenga en cuenta los futuros impactos del cambio climático evitando zonas vulnerables, cambiar a variedades y prácticas agrícolas adaptadas al futuro clima, construir presas en lagos glaciares, e incluso la migración sería un mecanismo de adaptación, aunque en el mundo moderno resulte problemática.

En cuanto a las medidas de mitigación, van fundamentalmente dirigidas a reducir la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera planetaria, fundamentalmente reduciendo nuestras emisiones, pero también aumentando los sumideros:

–         Reducción de emisiones:

  • Sustituir la generación de energía basada en la quema de combustibles fósiles por la generación nuclear y renovable. Para facilitar este cambio debe introducirse un fuerte proceso de electrificación, que es donde estas dos fuentes tienen mayor capacidad de penetración (p.ej. más trenes y menos autobuses, coches eléctricos o híbridos, etc). Actualmente la electricidad es en torno al 20% de la energía que consumimos (así que cuidado con afirmaciones del tipo “las renovables producen el 30% de la electricidad”, porque la electricidad es sólo una pequeña parte de nuestro consumo energético).
  • Eficiencia carbónica:
    • Utilizar los combustibles fósiles que menos emiten: por cada unidad de energía generada, los combustibles fósiles emiten diferentes cantidades de gases de efecto invernadero, siendo el carbón el que más emite, seguido por el petróleo y siendo el gas natural el que menos emisiones tiene, por lo que convendría cambiar hacia el gas (p.ej. en autobuses), aunque las pérdidas asociadas a la extracción del gas han hecho que la efectividad de estas medidas haya sido cuestionada.
    • Biocombustibles (combustibles no fósiles): que básicamente consiste en plantar plantas, dejarlas que crezcan (absorbiendo CO2) y luego quemarlas, de modo que emitamos la misma cantidad de CO2 que había absorbido la planta (aunque este efecto también ha sido cuestionado con algunos tipos de biocombustibles). En cualquier caso, el problema fundamental de los biocombustibles es que demandan productos que también se utilizan para alimentación (grano, tierra…), y este aumento de la demanda encarece su precio, de modo que se ha visto que pueden encarecer los alimentos, aunque se estudia qué plantar para intentar que sea un tipo de plantaciones que no compita con recursos alimenticios (p.ej. algas en tanques verticales).
    • En agricultura hay margen para reducir los fertilizantes nitrogenados (emisiones de N2O) o las emisiones de metano.
  • Eficiencia energética:
    • En la generación de energía: con técnicas como por ejemplo la cogeneración (en la generación eléctrica aprovechar también el calor generado), el biogás (utilizar el metano que genera la descomposición de la basura orgánica), la combustión de basura, biofiltros que optimizan la oxidación del metano, etc.
    • En el consumo de energía: edificios energía cero (aislamiento que reduzca la necesidad de climatización, orientación que reduzca la necesidad de luz artificial…), potenciar medios de transporte colectivos o sin emisiones (bicicleta, zonas peatonales), electrodomésticos y vehículos de bajo consumo y bajas emisiones, reducción de los residuos, reciclaje…
  • ¿Captura y almacenamiento del carbono? (publicitado como carbón limpio, en el caso de este combustible): esta idea consistiría en capturar el carbono de la combustión antes de emitirlo a la atmósfera y almacenarlo en formaciones geológicas profundas, masas oceánicas profundas o minerales carbonatados, pero no se sabe si es tecnológicamente viable (p.ej. puede liberarse) y actualmente es anti-económico. Además de que, al consumir energía en el proceso y, por tanto, emitir CO2, su efecto es muy escaso (en el mejor de los casos podría reducir 9-18 ppm de CO2 en un siglo, según el German Advisory Council on Global Change).

–         Aumento de sumideros (si bien el problema de estas técnicas es que tienen un efecto pequeño y muy lento):

  • Forestación, reforestación y reducción de la deforestación, puesto que las plantas son el principal sumidero terrestre de carbono.
  • Uso de cultivos con mayor fijación de carbono orgánico.

Una visión alternativa de las medidas de mitigación ha sido la geoingeniería. Son medidas generalmente caras y con efectos imprevisibles, que se investigan fundamentalmente para casos de emergencia, es decir, por si en algún momento los impactos se vuelven realmente insoportables y estamos dispuestos a asumir riesgos mayores (Shepherd et al 2007, Boucher et al 2009, Vaugham y Lenton 2011). Mientras que las medidas tradicionales de mitigación van dirigidas a reducir nuestro impacto en el clima, la geoingeniería va más bien dirigida a aumentar nuestro efecto en el clima, pero buscando un efecto de signo contrario. El informe de la academia de ciencias británica (probablemente el más exhaustivo sobre el tema) divide estas técnicas en dos grupos:

  1. Gestión de la Radiación Solar: la idea es aumentar el albedo terrestre, esto es, que aumenten las superficies de color claro en el planeta, para que mayor radiación solar sea reflejada al espacio reduciéndose así la cantidad de radiación solar que entra en el sistema climático (ver apartado 2.1 climatología planetaria en el anterior artículo). Ninguna de estas medidas afrontaría el problema de la acidificación oceánica (puesto que esta no viene dada por la temperatura, sino que es una reacción química asociada al aumento de CO2 en la atmósfera). En este sentido se ha propuesto la inyección mediante cañones de aerosoles de sulfato en la estratosfera, simulando una gran actividad volcánica. Esto tendría varios efectos indeseados, como la destrucción del ozono de la estratosfera que nos protege de la radiación ultravioleta, alteración del régimen de monzones, no permite enfrentar el cambio en las precipitaciones a la vez que el de la temperatura, y al ser sus efectos de corta duración (los aerosoles precipitan en un par de años) habría que estar inyectando aerosoles constantemente y para siempre (si hubiera que pararlo por alguna emergencia (efectos indeseados, guerra, crisis económica…) la velocidad de calentamiento dejaría por los suelos el cambio climático más radical que podamos imaginar) (sobre esta concreta técnica, ver por ejemplo Robock et al 2008 o Jones et al 2010). Otras técnicas propuestas para controlar la radiación solar entrante serían aerosoles reflectivos en la troposfera, sombrillas o espejos en órbita sobre el planeta, aumentar el albedo en superficie (pintando los tejados de blanco, intentando aumentar la reflectividad del mar), si bien estas otras técnicas tendrían un menor impacto.
  2. Eliminación del CO2 de la atmósfera: estas técnicas tendrían menor riesgo, pero son mucho más lentas. Sería por ejemplo utilización biocombustibles con captura y almacenamiento del CO2 (cuyas incertidumbres hemos comentado antes), fertilizar los océanos con hierro para que aumente el fitoplancton y se absorba más CO2 (que ya se ha visto que no es muy efectivo y que da otros problemas) o agregar biochar (carbón vegetal) al suelo en los cultivos (captura CO2, si bien reduce el rendimiento).
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Por último, las medidas de mitigación y adaptación se pueden tomar a nivel individual, pero el cambio necesario es tan grande, que requiere una implementación a nivel político. Se trata, en definitiva, de cambiar por completo el modelo de producción de energía para prescindir por completo de los combustibles fósiles en tan solo unas décadas. Y en este sentido lo que nos dicen los economistas es que el coste de los impactos del cambio climático es una externalidad que debe internalizarse en el coste de la energía producida por los combustibles fósiles, ya sea gravando las emisiones con impuestos o bien con un sistema de comercio de emisiones (asignando cuotas anuales que se van reduciendo a lo largo del tiempo y sancionando los incumplimientos y permitiendo que, si se cumple en exceso, se pueda vender el cupo restante, para premiar el cumplimiento y dar flexibilidad en el reparto de cargas), como ya se hizo, por ejemplo en EEUU, y con bastante éxito, con las emisiones de dióxido de azufre para prevenir lluvia ácida. La Unión Europea, por ejemplo, tiene implementado un sistema de comercio de emisiones.

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Resumiendo este segundo artículo: somos una sociedad sedentaria con gran parte de nuestra riqueza invertida en bienes inmuebles y que no dispone del mecanismo de la migración para adaptarse a los cambios climáticos (subida del nivel del mar, olas de calor, huracanes más intensos…). Podemos detener el cambio climático (aunque no revertirlo) y es económicamente rentable. La principal medida de mitigación consiste en sustituir los combustibles fósiles por nuclear y renovables a través de un sistema de comercio de emisiones.

Este artículo está basado en la charla que di en Escépticos En El Pub de Madrid el 14/04/2012, donde se muestran además algunos ejemplos de la pseudociencia con que argumentan quienes pretenden negar tanto la existencia como el origen humano del cambio climático.

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Este artículo participa en la II Edición de los Premios Tesla y nos lo envía Jesús Rosino divulgador de la ciencia tras el cambio climático, traductor en Skeptical Science y autor del libro El cambio climático antropogénico. Podéis encontrarlo en su blog o en su perfil de Google+

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Por Colaborador Invitado
Publicado el ⌚ 12 diciembre, 2012
Categoría(s): ✓ Divulgación • Ecología • Medio Ambiente