Dios los cría y ellos se juntan. ¿Se parecen nuestros perros a nosotros?

Es un hecho bien establecido por numerosos estudios que al buscar pareja o una relación de amistad solemos hallarla en individuos que comparten numerosas similitudes con nosotros: similar procedencia étnica, geográfica, clase social, nivel formativo, ideología, edad. Y es que encontrar una pareja con esas características aumenta las probabilidades de que la relación perdure en el tiempo debido a la menor frecuencia de conflictos y desacuerdos, además de reforzar nuestras convicciones y visión del mundo. El nivel de similitud puede ser real o percibido, pero en cualquier caso es una de las variables interpersonales más importantes en psicología social.

Si bien la ciencia al respecto es clara, hablamos de tendencias, evidentemente hay excepciones, pero en los EE.UU. el número de matrimonios entre personas de distinta raza no supera el 10% (y en esta estadística se considera a los hispanos como raza diferenciada, aunque étnicamente no sea siempre el caso).

Por otra parte, también en los EE.UU. el número de divorcios es mucho más alto en las parejas en las que cada uno profesa una fe diferente.

Y es que parecerse al ser amado no es baladí. Permítanme ilustrarlo con una historia de ficción:

Cuando Fiona conoce a Shrek, ésta está bajo el influjo de un encantamiento que le permite ser princesa de día, pero la convierte en ogresa de noche. Tras muchos avatares, Fiona, enamorada del ogro Shrek, renuncia a la posibilidad de ser princesa y prefiere pasar a ser una ogresa las 24 horas del día porque así podrá hallar la felicidad al lado del ser que ama. Y todos entendemos a Fiona, y nos alegramos que tome esa decisión pues asumimos que las opciones de tener una relación duradera y feliz es mayor entre dos ogros que entre un ogro y una hermosa princesa.

Shrek y Fiona: una pareja similar y feliz

Ahora bien, si lo anterior se da cuando elegimos pareja o un amigo, ¿utilizamos los mismos mecanismos psicológicos cuando seleccionamos un perro como mascota? Al fin y al cabo, pasaremos muchas horas con nuestro perro, máxime teniendo en cuenta que la mayoría consideramos al perro un miembro más de la familia, un amigo. No podemos por tanto descartar que, al decantarnos por un can, lo hagamos por individuos o razas que muestren un determinado comportamiento en particular que juzguemos parecido al nuestro.

¿Nos parecemos físicamente a nuestros perros?

Pues bien, veamos qué dicen los estudios al respecto. Los resultados son bastante concluyentes e indican que sí, que, efectivamente, hay similitudes entre el carácter que manifiesta un perro y la conducta de su dueño.

Así, por ejemplo, un estudio llevado a cabo por etólogos de la universidad de Budapest concluye que hay similitudes muy claras entre dueños y perros en aspectos tan relevantes como nerviosismo o extroversión. Un punto muy interesante de este trabajo es que la evaluación de estas similitudes fue hecha no sólo por los dueños sino también por terceras personas por lo que se obviaba la potencial parcialidad de respuestas de los propios dueños de las mascotas.

Las conclusiones apuntan que, cuando elegimos un perro, preferimos aquél que muestra rasgos en su carácter que se asemejan a los nuestros. Otra hipótesis apuntaría en la dirección de que el perro, al convivir con su dueño adopta el carácter de éste. Sin embargo; el propio estudio elimina esta posibilidad puesto que el nivel de similitud de caracteres no aumenta con la edad del perro.

Otros investigadores llegaron antes a conclusiones similares, así un estudio llevado a cabo en el Reino Unido en 1997, en el que dueños de canes de raza cocker spaniel se evaluaban a ellos mismos y a sus perros mediante cuestionarios, arrojó como resultado que, tal y como anticipaba su hipótesis de trabajo, los perros más agresivos, menos sociales, posesivos y dominantes correlacionaban con dueños que mostraban rasgos en su carácter similar al de sus mascotas. Las causas pueden tener distintos orígenes: bien los dueños transmiten a los canes sus propia ansiedad y neurosis o bien los dueños que presentan estos rasgos son más protectores y los socializan de un modo no adecuado.

Otra investigación, en este caso llevada a cabo en los EE.UU. apunta que hay una correlación directa entre la tenencia de perros que se consideran peligrosos –este estudio considera perros peligrosos a los de las siguientes razas: Akita, Chow-Chow, Rottweiler, Doberman, Pit Bull así como cruces de lobo- con comportamientos anti-sociales de sus dueños. Y es que el estudio demuestra que los dueño de animales de estas razas tuvieron un número diez veces mayor de comisión de delitos y arrestos que los propietarios de animales de otras razas. El trabajo concluye que personas con tendencia a delinquir pueden sentirse más atraídos por estos perros en concreto. Lo que no significa que todo el mundo que prefiera estas razas tenga necesariamente que ser un delincuente.

Un último refuerzo de esta teoría –nos parecemos a nuestros perros- nos llega desde Japón.

Allí, el profesor Sadahiko Nakajima llevó a cabo un experimento aún más llamativo: reunió a 500 voluntarios que debían emparejar fotos de perros con las de sus dueños basándose en las similitudes físicas que hallasen. Estos voluntarios no tenían ninguna relación con los dueños de las mascotas. Los resultados fueron contundentes: el 80% emparejaron correctamente las fotos.

Más tarde, el mismo investigador llevó a cabo otro estudio similar en el que cubría parte del rostro del humano y del can. Los emparejamientos eran menos acertados, pero los más altos se daban entre las fotos que mostraban los ojos (73%).

Emparejamientos de foto de dueño y perro. Cuando se presentó a los voluntarios las fotos sin cubrir ningún rasgo (a) el grado de acierto fue del 80%. Cuando se presentó la foto (b) y (d) fue de un 52 y 47% respectivamente. En el caso (c) subió a un 73% y finalmente en el (e) el nivel de acierto llegó al 74%

Todo indica, pues, que existe un parecido entre dueños y canes y que ese parecido es percibido como tal por los propios dueños y por personas ajenas. ¿A qué se debe esto? el propio Nakajima expresa su sorpresa y la falta de una casuística convincente. Los perros que tenemos en casa tienen una vida similar a la nuestra: comparten horarios, comida, estados de ánimo. ¿Pueden estos factores determinar la apariencia física?, posiblemente, pero hoy por hoy, las causas concretas siguen siendo un misterio.

Este artículo nos lo envía Juan Pascual (podéis seguirlo en twitter @JuanPascual4 o linkedn). Me licencié en veterinaria hace unos cuantos años en Zaragoza y he desarrollado mi vida profesional en el mundo de la sanidad animal, de ahí mi interés en divulgar lo que los animales aportan a nuestro mundo actual. Soy un apasionado de la ciencia. Creo que es fundamental transmitir el conocimiento científico de una manera sencilla para que los jóvenes se enganchen pronto y para que la sociedad conozca más y mejor lo mucho que la ciencia aporta a nuestro bienestar. Viajar es otra de mis pasiones junto con la literatura, que no deja de ser otro modo de viajar.

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Bibliografía:

Serpel et al: Aggressive behaviour in English cocker spaniels and the personality of their owners.

The Veterinary record · July 1997

Ragatz et al, Vicious Dogs: The Antisocial Behaviors and Psychological Characteristics of Owners J. Forensic Sci, May 2009, Vol. 54, No. 3

Borbala Turcsana. Birds of a feather flock together? Perceived personality matching in owner–dog dyads

July 2013 applied animal behavior science 140 (2012) 154-160

Morry, MM, 2005. Relationship satisfaction as a predictor of similarity ratings: a test of the attraction-similarity hypothesis. J. Soc. PPers. Relat. 22, 561-584

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