Francis Villatoro: “En España faltan referentes de la ciencia que también lo sean para la sociedad”

Por Colaborador Invitado, el 23 noviembre, 2020. Categoría(s): Especial • Matemáticas • Naukas
Francis Villatoro en el Palacio Euskalduna (Foto: Xurxo Mariño).

NOTA: Esta entrevista,  realizada por el periodista José Antonio Plaza, forma parte de una serie de entrevista a divulgadores y divulgadoras de la ciencia, que comenzó hace unas semanas con esta entrevista a Natalia Ruiz-Zelmanovitch. La serie parte de este reportaje sobre el décimo aniversario de Naukas y continuará en los próximos meses con nuevas entrevistas. En cada entrevista se hablará de su labor como científico y/o comunicador, de su campo científico de trabajo, de la relación del entrevistado con Naukas y de la divulgación científica en general.

Francis Villatoro es un polímata de la divulgación. Su perfil investigador de formación heterogénea le permite dedicarse a ayudar a buscar soluciones a problemas científicos a personas que trabajan en disciplinas muy diferentes. Además de gustarle la ciencia y la tecnología, le gusta contarlas. Para hacernos una idea de su bagaje, ahí va un breve resumen: estudió Informática en la Universidad de Málaga y, a la vez, Ciencias Físicas en la UNED, y también tiene un doctorado en Matemáticas. Lleva 25 años investigando, un poco sobre todo, y dando clase a ingenieros, informáticos, biólogos, matemáticos, bioquímicos… Lo suyo son las ciencias computacionales, que pueden entenderse como una suerte de llave capaz de abrir muchas puertas diferentes gracias a la creación y aplicación de algoritmos informáticos. ¿Qué hay un problema? Francis trata de buscar un desarrollo informático capaz de solucionarlo.

¿Y su faceta de divulgador? También es original: lleva a cabo una divulgación más enfocada a profesionales que a la gente ‘de a pie’, como deja claro en su blog, ‘La ciencia de la mula Francis’, en el que lleva 12 años “practicando el arte de hacer fácil lo difícil, aunque no siempre lo consiga”. Entre otras colaboraciones, participó durante cuatro temporadas en el programa de radio ‘La rosa de los vientos’ de Onda Cero Radio, escribe ocasionalmente en diversos medios de comunicación y actualmente es un asiduo en el podcast Coffee break: señal y ruido.

En estos enlaces se pueden ver algunas de sus charlas divulgativas:

Esta entrevista, como mandan los cánones de este 2020, se ha hecho por videoconferencia y mediante el intercambio de varios correos electrónicos. Me ha obligado a documentarme bastante sobre un tema que no controlo en absoluto, cosa de la que me alegro. Leer y escuchar a Francis obliga a un esfuerzo de los que merece la pena hacer.

Un momento de la videoconferencia que ha servido de base a la entrevista.

¿Cómo explicarías las ciencias computacionales a la gente que no sabe qué son?

Su objetivo es desarrollar herramientas matemáticas e informáticas que permiten usar ordenadores para resolver problemas en Ingeniería, Física, Química, Matemáticas, Economía… entre otros muchos campos. Se combina el desarrollo de modelos teóricos de diversos problemas descritos por ecuaciones matemáticas con el desarrollo de algoritmos informáticos para resolver dichas ecuaciones, y con técnicas de visualización de los resultados para ayudar a su comprensión. Si tuviera que describir de manera muy sencilla a qué me dedico, sería así: soy un constructor de herramientas para que físicos, y científicos de otras disciplinas, puedan resolver problemas usando ordenadores.

Gran parte de mi trabajo se ha centrado en la física computacional y en la ingeniería computacional. Dicho de otra manera, la realidad es muy complicada como para entenderla sin usar ordenadores y computación avanzada: hacemos simulaciones virtuales para explicarla y comprenderla mejor. Las ciencias computacionales son un cajón de sastre con remiendos para casi todo.

¿Sois los físicos computacionales una suerte de multiusos?

Tendemos puentes entre disciplinas que en principio no se entienden entre sí. Lo que te pide un médico es muy diferente a lo que te pide un ingeniero o un químico, pero el lenguaje matemático, informático y computacional se puede adaptar a dichos ámbitos. Mi pregunta de inicio siempre es: ¿Qué quieres hacer que no puedes hacer? A partir de ahí, aporto y avanzamos. Entenderse en este proceso puede llevar meses o años, porque trabajamos con disciplinas muy distintas y el primer paso es desarrollar un lenguaje común, un idioma que permita una comunicación fluida, algo que lleva tiempo. Es necesario mucho trabajo de comunicación y aprender mucho por ambas partes. Yo he tenido la suerte de poder colaborar con científicos e ingenieros de toda índole; podría parecer que así se logra un currículum con muchas publicaciones, pero ese no es mi objetivo; de hecho, no me molesta no ser firmante en los artículos que surgen de algunas de mis colaboraciones. Quizá parezca la peor forma de hacer currículum y progresar, pero yo me considero un peón de la ciencia; si puedo ayudar, ayudo, sin exigir nada a cambio.

¿Cómo es un informático-físico-matemático experto en ciencias computacionales?

Supongo que un bicho raro. Desde casi siempre tengo la sensación de que mucha gente no entiende lo que digo. Yo, de chaval, en el Bachillerato, tras la EGB, quería ser biólogo. Mis referentes eran gente como Félix Rodríguez de la Fuente y David Attenborough; quería ser naturalista como ellos. Pero mi profesor de Biología de COU me dijo que hiciera mejor Telecomunicaciones (en Madrid, ya que en Málaga no había posibilidad de hacerla). Por entonces me apasionaba la Física y me encontré en COU con una profesora de Física, que era Química a través de la UNED, que me recomendó que estudiara Física (en Granada o Sevilla; en Málaga no había), porque decía que me sobraban aptitudes.

Al final, por diferentes razones, me tuve que conformar con cursar una carrera en Málaga; elegí la Diplomatura en Informática, con idea de que era corta (3 años) y al acabar podía irme a Madrid a trabajar y seguir estudiando. Pero en 1990 había poco trabajo para informáticos en Málaga; pensé que tendría más oportunidades si continuaba mis estudios de Informática, y había aparecido la Licenciatura, que concluí en 1992. Me gustaba la informática más teórica, pero el resto me aburría un poco; como yo ya tenía un gran bagaje autodidacta en Física, había leído mucho y de temas muy avanzados, decidí compaginar el segundo ciclo de la Licenciatura en Informática con la Licenciatura de Ciencias Físicas en la UNED.

No suena fácil…

La verdad es que para mí la carrera de Físicas en la UNED fue sencilla. No voy a negar que durante dos años me dediqué sólo a estudiar. Pero mi formación previa autodidacta me ayudó mucho. Además, me encantaban las materias más difíciles de la carrera, como la Mecánica Cuántica, que se me daban bien. Puede sonar excesivo, pero la carrera me resultó un paseo. En el curso 1991/92 llegué a compaginar las asignaturas obligatorias de quinto de Informática, y un par de optativas nuevas que aparecieron ese año, junto con tercero, cuarto y quinto de Físicas (un total de 32 asignaturas que superé con una media de notable). Recuerdo que un profesor de Mecánica Cuántica II (quinto curso) me puso un notable en un examen, y más tarde me confesó que era de sobresaliente, pero que no podía explicar un examen así de alguien que aún no había aprobado Mecánica Cuántica I ni Física Cuántica.

Te enfocaste pronto hacia la docencia, aunque tus primeros pasos en investigación fueron bastante exitosos. ¿Por qué?

En 1993 logré una beca de investigación en la Universidad de Málaga (entonces llamadas FPPI, por formación de profesorado y personal investigador). Mis investigaciones como becario se centraban en ciencias computacionales, tanto en Matemáticas como en Física, y como tema para mi tesis doctoral elegí la física de ondas no lineales en la superficie de chorros líquidos. Pero mi director de tesis me dio mucha libertad y finalmente dirigí la tesis hacia las matemáticas más que a hacia la física. Al año siguiente llegué a publicar cuatro artículos en revistas JCR, y todos ‘colaron’ directamente, sin que en la revisión por pares me solicitaran cambios. Debo confesar que el mayor mérito fue de mi director, que era un obseso de la escritura perfecta y me enseñó todo lo que sé sobre escribir artículos científicos; trabajábamos a cuatro manos sobre un único teclado hasta la extenuación, pero el resultado merecía la pena.

Cuando ya tenía la tesis doctoral muy encaminada me ofrecieron la oportunidad de concursar a una plaza como Profesor Titular de Escuela Universitaria, lo que requería impartir docencia en el curso 1994/1995, primero como becario y luego como interino. La saqué y en 1996 ya era funcionario de carrera. Me cayeron muchísimas asignaturas nuevas que impartir, lo que paralizó bastante mi investigación. Pero me encantaba ser profesor; quizá de ahí venga mi pasión por la divulgación, porque la docencia también es divulgar.

Un momento de su charla en Naukas 2018 (Foto: Íñigo Sierra-Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU).

¿La docencia iba desequilibrando la balanza con la investigación?

Compaginar mucha docencia con investigación siempre es difícil. Defendí mi tesis doctoral en 1998, con otros seis artículos en revistas JCR, cuando quizás podría haberla defendido antes. Por cierto, los seis artículos también se publicaron directamente sin que ningún revisor propusiera ningún cambio.

Como docente cambié mucho el perfil de alumnos a los que enseñaba: mi investigación, física y matemática computacional, era poco atractiva para los estudiantes de Informática, así que probé con los de Telecomunicaciones, y me pasó algo parecido, por lo que acabé adscrito a Ingeniería Industrial. Pensé que en este ámbito los estudiantes podrían recibir de forma más directa el fruto de mi dominio del área en que realizaba mis investigaciones. Además de tener mucha carga docente, también descubrí que lo que me había pasado con mis diez primeros artículos de investigación era poco común: lo normal es que en la revisión por pares te soliciten muchas modificaciones o incluso que te rechacen el trabajo, y tengas que reenfocarlo o probar con otras revistas científicas a ver si te la aceptan. Mi producción científica pasó por un cierto bajón, pero obtuve por oposición mi plaza de Profesor Titular de Universidad en 2001.

Aun así, seguiste investigando. ¿En qué ámbitos te centraste?

Cuando finalizas tu tesis doctoral es como si dejaran salir al león que tenían encerrado en una jaula para que explore todo a su alrededor. En investigación mis intereses son muy variados, pero siempre rondan el marco de las aplicaciones matemáticas y el uso de los ordenadores para resolver problemas de física e ingeniería. Decidí independizarme de mi grupo y colaborar con otros investigadores. He investigado en sistemas térmicos, mecánicos, eléctricos, electrónicos, incluso en grafeno… Lo común a todos estos sistemas es que presentan una microestructura que permite la propagación de cierto tipo de ondas no lineales llamadas solitones. Mi trabajo se ha centrado mucho en cómo resolver numéricamente sus ecuaciones por ordenador para desvelar nuevas soluciones o nuevos comportamientos de estas ondas, que podrían tener aplicaciones potenciales en ingeniería y en física.

Desde el punto de vista matemático he trabajado sobre todo en matemáticas computacionales para la resolución de ecuaciones en derivadas parciales, como problemas de reacción-difusión, de ondas de choque y de ondas solitarias. Destaca mi foco hacia la técnica de ecuaciones modificadas, que se usa mucho en física computacional de fluidos: en ella se supone que la simulación informática de ciertas leyes físicas modifica estas leyes con perturbaciones debidas a la discretización del espacio y del tiempo.

En cierto sentido, el universo simulado en el ordenador no se rige por las mismas leyes físicas que nuestro universo, lo que permite entender los errores numéricos observados como producto de dichas leyes físicas modificadas. Son temas apasionantes, pero me encontré con uno de los problemas típicos de los jóvenes doctores que se han formado en un grupo pequeño: recabar financiación para contratar a doctorandos y formar un grupo propio. Incluso con financiación tuve muchas dificultades para encontrar jóvenes en Málaga interesados en investigar bajo mi dirección.

¿No terminabas de encajar?

Buscaba mi lugar. Viajé mucho por Latinoamérica, participando en cursos de maestría y programas de doctorado para atraer estudiantes. También daba charlas divulgativas. Pero me di cuenta de que no era fácil la dirección de tesis en la distancia y la creación de un grupo con doctorandos dispersos entre varios países. Requería mucho esfuerzo poner en marcha las cosas, pero mantenerlas en marcha exigía mucho más. Con una cierta sensación de fracaso, centré mis esfuerzos en España, entrando en contacto con científicos de otras universidades que había conocido en mis viajes. Mi idea era codirigir tesis doctorales, pero tampoco es fácil. Al final supervisé cuatro tesis doctorales entre 2009 y 2014; en la actualidad superviso otras dos, una a punto de acabar y otra en sus inicios.

Mi labor investigadora no es de gran excelencia, lo reconozco, pero ha sido suficiente para lograr cuatro sexenios de investigación y cinco quinquenios de docencia. Con el paso de los años he podido ir reduciendo mi carga docente, haciendo más hueco para la investigación. En resumen, disfruto mucho investigando en temas muy variados y he publicado artículos de óptica, mecánica cuántica, microelectrónica, redes de neuronas artificiales, tratamiento de imágenes, ecología y hasta inmunología. No se trata de contribuciones revolucionarias, pero siempre son aplicaciones de las ciencias computacionales a diferentes ámbitos, pues su versatilidad permite ofrecer soluciones a problemas de disciplinas muy variopintas.

Pasando más al terreno de la divulgación, ¿Cómo la entiendes? Normalmente cuentas la ciencia a personas con cierta formación científica…

Es cierto. Nunca he tratado de divulgar para niños, por ejemplo, y mis mensajes pueden no llegar a adultos sin formación en ciencias. Como docente he divulgado mucho para ambientes universitarios, tanto para estudiantes como para colegas profesores o investigadores. La divulgación al público general es fundamental, pero creo que también es importante y necesaria la divulgación dirigida a la propia comunidad científica y a otros divulgadores. A veces he oído que dicen que soy un divulgador para divulgadores.

Hay un concepto que en España manejamos poco, el research blogging, que describe la divulgación basada en analizar artículos científicos sin miedo a la jerga, poniendo en contexto dicho artículo y destacando lo que puede tener interés para un público más o menos general. Este tipo de divulgación es más exigente para el lector, pero también para el autor, porque debe entender muy bien el artículo científico del que habla. Por ejemplo, algunas revistas científicas multidisciplinares incluyen piezas cortas que divulgan los artículos que publican hacia lectores potenciales que no son expertos en dichos campos. Mi idea es hacer algo parecido, pero con un tono un poco más informal, ya que un blog permite una escritura más relajada.

Los científicos modernos sabemos muchísimo de muy poco y me parece necesario que haya divulgadores que acerquen dicho conocimiento a un público científico más amplio. Además, divulgar me sirve para aprender mucha ciencia muy alejada de mi investigación; disfruto aprendiendo y aprendo muchísimo divulgando.

Tu blog, La ciencia de la Mula Francis, es ya un clásico. ¿La idea era desarrollar ese concepto de research blogging?

En los primeros años 2000 yo leía muchos blogs, sobre todo de Física y Matemáticas en inglés; en español leía a Daniel Marín (Eureka), Sergio Palacios (Física y Ciencia Ficción), Pedro Gómez-Esteban (El Tamiz), Miguel Ángel Morales Medina (Gaussianos), Víctor R. Ruíz (Cuaderno de Bitácora), César Tomé (Experientia Docet), Manuel Hermán (Ciencia Kanija) y, por supuesto, a Microsiervos de Alvy, Nacho y Wicho, entre muchos otros.

Un amigo y compañero, Carlos Cotta, que escribía un blog sobre informática teórica y física relativista (La Singularidad Desnuda), me animó a abrir un blog propio. Tardé un poco en autoconvencerme, pero el 1 de enero de 2008 nació mi blog, que comenzó llamándose ‘Francis (th)E mule science’s news’, un título en inglés difícil de recordar, la verdad. Pretendía escribir entradas en español y en inglés, con un enfoque de research blogging, dirigido a un público selecto al que quizá no le importaría mucho leer algunas piezas en inglés. Sin embargo, empecé escribiendo en español y me costaba mucho trabajo traducir todo al inglés, así que acabé escribiendo sólo en español, pero manteniendo la idea del research blogging. Pronto subtitulé el blog con el nombre con el que se lo conoce desde entonces: La Ciencia de la Mula Francis.

¿Fue tu blog la puerta de entrada a colaborar con Naukas?

En 2010 yo era un bloguero de cierto renombre entre blogueros científicos. Supongo que varios de los primeros reclutados por Amazings/Naukas recomendaron mi inclusión en la lista de colaboradores. Un día me escribió Javier Peláez y quedamos en que yo escribiría un artículo al mes en Amazings. Entre 2010 y 2011 escribí más de diez, con una asiduidad mayor que la mayoría de los demás colaboradores. Participé en el primer encuentro físico, el Amazings Bilbao 2011, y desde entonces he sido el único colaborador que ha impartido charlas en todos los Naukas Bilbao. Mucha gente me pregunta por mi txapela que usé por primera vez en mi charla de 2012; la tenía desde mi primer viaje a Bilbao en 1994 y la usaba todos los inviernos cuando iba a Bilbao, pero desde 2012 la utilizo todos los septiembres en Naukas.

Naukas aprovechó el momento álgido de los blogs para crear comunidad. ¿Cómo ha sido la experiencia?

La idea de crear una red de blogs en Naukas, partiendo de los blogs que ya tenían los colaboradores, llevaba tiempo en el aire. Por desgracia, pocos colaboradores querían pasar su blog a Naukas; recuerdo que Daniel Marín, Clara Grima y yo decidimos pasar nuestro blog completo, y que otros como J. M. Mulet o Iñako Pérez Iglesias prefirieron crear blogs nuevos. Con el tiempo se han ido añadiendo más blogs de colaboradores, aunque hoy en día muchos no se actualizan. Estamos viviendo malos tiempos para la blogosfera, con los blogs falleciendo por doquier; la mayoría de las aportaciones a Naukas son de colaboradores externos que no pertenecen a la lista oficial de colaboradores, pero que escriben artículos de forma puntual o con cierta regularidad. Pasados 10 años, los blogs más activos son el de Daniel Marín y el mío: entre los dos sumamos más de 10.000 piezas. La ciencia de la Mula Francis sigue teniendo una media de más de una entrada al día, y en los mejores años ha tenido más de 200.000 visitas mensuales.

Lo que siempre ha pasado, y sigue sucediendo, es que escribir en Naukas te permite ganar visibilidad: yo he impartido muchas charlas para incentivar la divulgación entre investigadores y siempre recomiendo colaborar con Naukas para ganar visibilidad y sentir el gusanillo de muchos lectores y/o comentarios.

¿Cómo definirías Naukas en este año de su décimo aniversario?

Naukas es el blog de divulgación científica de referencia en español. Ha creado escuela y ha triunfado. Sin embargo, siempre he pensado que podría llegar a más. Desde los inicios la idea era conquistar el mundo más allá de la blogosfera y ese ha sido su gran acierto, los eventos Naukas en diferentes ciudades y el Naukas Bilbao como referencia. La divulgación convertida en espectáculo de masas, pero sin pérdida de rigor. La enorme cantidad de gente que atraen estos eventos es espectacular, pero creo que tiene menos proyección de la que podría haber tenido.

Como explicaban Javier, Antonio y Miguel, la idea nunca ha sido vivir de Naukas, que es muy conocido en el mundillo de la divulgación científica, pero que no llega a la gente en general. Su público objetivo es todo el público, pero en la práctica su público destino es en gran parte cautivo, aunque sigue creciendo. Aún así, los eventos Naukas por diferentes ciudades de España han sido todo un acierto. Acercar la ciencia como espectáculo a teatros de grandes ciudades, llenando los aforos como en los conciertos de rock, con grandes grupos de fans, es la seña de identidad que caracteriza Naukas ahora mismo. Pero, además, Naukas ha sido y sigue siendo una gran cantera, por la que han pasado la mayoría de los grandes divulgadores de la actualidad. Productos televisivos como Órbita Laika quizás nunca hubieran surgido si fuera por Naukas.

¿Cómo es para ti subirte a un escenario y dar una charla ante 2000 personas?

No es tan diferente a dar clase, aunque el ambiente es muy diferente. Soy profesor y no me cuesta ser el centro de atención de la gente mientras hablo. La mayor diferencia es el formato de Naukas, con charlas de 10 minutos: hay que prepararlas muy bien. Yo te puedo preparar una charla de 45 o 60 minutos en un par de horas, pero una charla de 10 minutos me cuesta muchos días y mucha reflexión. Tienes que ir a la esencia, contar todo lo que quieres contar, pero nada más, porque el tiempo se te echa encima. Quizá hay gente que, con todo el ambiente festivo que hay alrededor, crea que las charlas Naukas son algo sencillo de preparar, pero no: hay que trabajarlas mucho, guionizarlas, entrenarlas… Luego hay quien tiene más tablas o más facilidad, y quien tiene que esforzarse más porque no es algo que le salga natural. Al final, estar en el Palacio Euskalduna delante de más de 2.000 personas es una pasada que cada uno vive a su manera. Yo disfruto cada segundo. Es un placer que engancha.

En Naukas hay charlas complejas, sencillas, ‘serias’, histriónicas, con canciones y bailes, a la vieja usanza…

La mezcla enriquece. Uno de los mejores valores de Naukas es que une diferentes disciplinas, perfiles, gustos, formas… Las charlas Naukas son un espectáculo, como un concierto de rock, un show divulgativo único, una seña de identidad de la marca. Sin lugar a dudas, Javier Peláez, Miguel Artime y Antonio Martínez Ron dieron con la tecla al crear el formato Naukas. Por mi parte, prefiero mantener el formato ‘serio’, pero con pasión. Intento derrochar toda la pasión del mundo para retener la atención del público, incluso si no entienden de qué estoy hablando. A veces mis charlas van dirigidas a mis seguidores más acérrimos, que me piden una cierta dosis de dificultad; muchos de mis seguidores disfrutan debatiendo entre ellos tras mis charlas para entenderlas mejor. La verdad es que les adoro. Pero siempre intento que tanto el lego como el experto se queden con algo de mis charlas; siempre hay una idea sencilla con la que puede hacerse todo el mundo, acompañada de otras dos o tres ideas que quizás pocos entiendan, pero que disfrutan si las llegan a comprender. Es un poco mi marca personal: no todo el mundo entiende lo que cuento, pero muy pocos dicen que no disfrutan con mis charlas.

¿Es eso un problema?

Creo que no. Lo veo en mi blog desde el principio: me sigue gente con cierto perfil, pero siempre encuentro, también sobre el escenario de Naukas, a gente que me dice cosas como ‘no me entero del todo, pero me gusta cómo hablas o escribes’, ‘no lo entiendo, pero me has dado ganas de intentar comprenderlo’… Hay gente así, que lee o escucha algo y empieza a tirar del hilo. Hablar ‘difícil’ también puede ser una manera de llegar a cierto público.

La primera década de Naukas ha coincidido con un ‘boom’ de la divulgación científica: programas de radio y televisión, espacios en prensa, protagonismo en redes sociales, publicación de libros… ¿Cómo ves esta época?

Apasionante. Comparado con hace 20 años es el día y la noche; algo increíble. Pero el caso es que sigue sin llegar a todo el mundo. Si queremos que la divulgación científica suba más escalones necesitamos libros bestseller, muchos programas de radio o televisión en prime time… Falta el gran éxito que rompa del todo el mito de que la divulgación científica es cosa de frikis. Veremos si cuando pase la pandemia el nivel de presencia se mantiene, por ejemplo. La situación actual es de metaestabilidad; para entendernos, creo que nos falta un nuevo Félix Rodríguez de la Fuente, un nuevo Eduard Punset, una persona referente científica pero también referente social. En el ecosistema de la divulgación en español tenemos muchas islas, muy buenas y con un público muy fiel, pero la divulgación científica aún no es algo muy relevante para los españoles de a pie.

¿Complicado que lo sea si la ciencia no interesa mucho en España?

Cierto, es complicado que lo sea si la ciencia no interesa mucho en España. Pero hay que seguir intentándolo. Yo voy a muchos divulgadores jóvenes que rondan los 30 años que están realizando una labor inmensa y que son grandes promesas para el futuro de la divulgación en español. Sin ciencia no hay futuro, pero sin divulgación tampoco. ¡Larga vida a la divulgación!

 



Por Colaborador Invitado, publicado el 23 noviembre, 2020
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