Clara Grima «Cada vez hay más gente que divulga ciencia, pero aún notamos que hablamos para nosotros mismos y quienes nos siguen»

Por José Antonio Plaza, el 4 enero, 2021. Categoría(s): Entrevistas Naukas • Especial • Naukas
Clara Grima en su primera charla en el Naukas Bilbao de 2012 (foto de Wicho).

NOTA: Esta entrevista, realizada por el periodista José A. Plaza, forma parte de una serie de entrevistas a divulgadores y divulgadoras de la ciencia, que comenzó con las entrevistas a Natalia Ruiz-Zelmanovitch y a Francis Villatoro. La serie parte de este reportaje sobre el décimo aniversario de Naukas y continuará en los próximos meses con nuevas entrevistas. En cada entrevista se hablará de su labor como científico y/o comunicador, de su campo científico de trabajo, de la relación del entrevistado con Naukas y de la divulgación científica en general.

Clara Grima nació en Coria del Río, un pueblo de Sevilla, en 1971, y tuvo claro desde muy pequeña que le encantaban las Matemáticas. Aunque flirteó con la posibilidad de estudiar otra de sus aficiones, la Filosofía, los números fueron más fuertes y lleva más de dos décadas enfocada en una de las numerosas ramas que tienen las Matemáticas, la Geometría Computacional. Es doctora por la Universidad de Sevilla, donde da clases, y es una de las divulgadoras científicas más conocidas y con mayor influencia en la última década. Ha escrito entre otros, los libros Hasta el infinito y más allá, Las matemáticas vigilan tu salud y Que las matemáticas te acompañen; participa en el podcast Los tres chanchitos; coorganiza Ciencia en Bulebar y Ciencia JotDown; ha colaborado en Órbita Laika, RNE, Canal Sur, Eldiario.es, La Sexta y es una de las ‘actrices’ de la obra Científicas: pasado, presente y futuro

Antes de ser la divulgadora científica que ahora es, se sumergió muy pronto, muy rápido y muy de lleno en el mundo científico, combinando investigación, docencia y gestión, y sufrió una depresión que le obligó a pararse y ‘resetear’. Salió del abismo en el que se sentía gracias a sus ganas, su familia y a la escritura, una novedad ‘terapéutica’ que supuso la semilla de su faceta de divulgadora y que no ha dejado de acompañarla desde entonces.

Inquieta, charlatana, peleona, feminista y amante de la poesía, entre otras muchas otras cosas, vive con una sonrisa casi perenne, como si sonriera para sí misma cuando mira alrededor y ve que las matemáticas explican gran parte del mundo que nos rodea.

 

¿Cómo llegó la ciencia a tu vida?

Con las matemáticas, que me han acompañado desde muy pequeña. En el colegio yo iba un curso adelantada, era un poco cerebrito, la verdad. Y muy, muy charlatana, siempre me estaban echando la bronca por hablar de más. Un día resolví en clase una ecuación lineal de primer grado y me emocioné mucho, tanto que llegaron a castigarme, pero fue un poco la señal que permitió a los profesores ver que se me daban bien las matemáticas, que era muy rápida de mente y que tenía facilidad para resolver problemas. La cosa es que me tomaron como una especie de atracción y me iban paseando por las clases para que resolviera cosas con los demás niños delante, y eso no me gustó. Me exhibían como la lista y me cansé, así que empecé a equivocarme adrede para que me dejaran un poco en paz.

 

Una situación incómoda… ¿No te hizo eso alejarte de las mates?

La verdad es que no. Yo, además de charlatana, era muy inquieta, y lo sigo siendo. De niña me costaba estudiar, no me concentraba aunque tenía facilidad y sacaba muy buenas notas. Me aburría en muchas clases, pero las matemáticas eran como un juego para mí, algo que no me costaba, que era fácil y divertido. Tuve claro muy pronto que quería dedicarme a las matemáticas, aunque cuando se acercaba la elección de carrera casi acabo estudiando Filosofía…

 

Se te abrían dos opciones muy distintas, ¿no?

Sí, pero no tanto. En 3º de BUP tuve un profesor, Antonio Hurtado, que me enganchó a la Filosofía. Me daba qué pensar, me descuadraba, me hacía plantearme cosas… Recuerdo que hacíamos ejercicios para tratar de convencer a los demás de algo con lo que no comulgábamos, algo que me cautivó. En COU la Filosofía me gustó un poco menos, pero me seguía atrayendo bastante. Llegó un momento que tuve que decidir.

 

¿Qué te hizo elegir finalmente Matemáticas?

Mi profesor Antonio. Iba a elegir Filosofía y él mismo me dijo que probara con Matemáticas, y que cuando acabara y comenzara a trabajar, podía ser una buena opción entrar a Filosofía. Mis padres estuvieron de acuerdo. Sigo en contacto con Antonio y la verdad es que nunca le agradeceré lo suficiente que me empujara hacia las Matemáticas.

 

“La unión de las matemáticas y la informática genera herramientas potentísimas para hacer un mundo mejor”

 

Imagino que la carrera confirmó ese amor a primera vista…

No desde el principio. Cuando empecé a estudiar no entendía nada, pero llegó un momento en que se encendió la luz y empecé de nuevo a disfrutar razonando. Veía paralelismos con la Filosofía, gracias a la Lógica, y hasta con la Poesía, que es otra cosa que me encanta. Eso sí, seguía teniendo una duda: ¿Para qué servía todo aquello? ¿A quién podía ayudar? No lo descubrí hasta más tarde, cuando ya era profesora: las Matemáticas tienen mil aplicaciones y explicaciones para la vida.

Junto al mural pintado en la Biblioteca de la UPV. Clara multiplicada por dos.

¿Cómo explicarías de forma breve y sencilla qué es, y qué aporta, la Geometría Computacional?

Es una conjunción de la Geometría Clásica con la Informática. Partiendo de la abstracción de problemas de otras áreas, como la robótica, el análisis estadístico, la biología molecular, etc., la Geometría Computacional trata de desarrollar herramientas y técnicas para resolver problemas, de naturaleza matemática, mediante el diseño eficiente de algoritmos y estructuras de datos. En otras palabras, el ordenador hace cosas que nosotros no podemos, pero no tiene intuición humana. La Geometría Computacional es una forma de enseñarle al ordenador ‘intuición’, de decirle qué hacer y qué no, cuándo y cómo hacerlo… Es darle al ordenador la base de instrucciones que seguiría una persona para resolver un problema, pero sabiendo que la computación puede hacer más cosas y de manera más rápida y eficiente. El objetivo es ‘enseñarle’ para que no cometa errores, o los menos posibles. Existen muchas herramientas para hacerlo, muchas preciosas como los distintos algoritmos que existen para calcular los diagramas de Voronoi.

 

Hiciste la tesis en este campo, la Geometría Computacional, que ya te gustaba y al que sigues dedicando tu carrera.

Lo de la tesis tiene su historia. Iba a hacerla en torno a las ecuaciones funcionales, pero el día que quedé con el profesor que iba a dirigírmela resulta que no estaba en su despacho. Una amiga llevaba tiempo diciéndome que por qué no la hacía con otro profesor, Alberto Márquez, al que yo no soportaba. Lo que enseñaba sí me atraía, la Geometría Computacional, y sus clases habían empezado a engancharme con un ejercicio sobre emparejamientos en grafos bipartitos, pero aunque no nos llevábamos mal a mí él no me gustaba nada. Como el otro profesor no estaba en su despacho me acerqué a ver a Alberto. Hoy es mi marido y el padre de mis hijos: Salvador y Ventura.

 

Vaya giro de guion… ¿Eso también lo explican las matemáticas?

No ahí entran en juego otras cosas… La serendipia tuvo mucho que ver, es una constante en la vida. Si hubiera estado el otro profesor, mi vida personal y familiar habría ido otra, y también la profesional, porque quizá me habría dedicado a otra rama. Con Alberto descubrí la Teoría de Grafos y ya nunca la he dejado. Recuerdo el día que me dio un libro, leí uno de los capítulos y me dije: esto es lo que quiero hacer. Así entré en la Geometría Computacional, aunque no puedo dejar de decir que saqué mi lado cateto durante ese proceso: pasé mucho tiempo frustrada porque no podía resolver un problema hasta que Alberto me explicó que era un problema abierto, al que muchas personas dedicadas a las Matemáticas llevaban décadas tratando de dar respuesta. Mi vida es un poco así: soy muy lista para algunas cosas y a veces un poco inocente o despistada para otras.

 

“Las matemáticas tienen mil aplicaciones y explicaciones para la vida”

 

Volviendo atrás, cuando acabaste la carrera, ¿te planteas la duda entre centrarte en docencia o en investigación?

Acabé la carrera en el año 95. Eran años de vacas gordas y no había apenas doctores y profesores en paro. Entré de profesora en la Escuela de Ingenieros Agrónomos con unas clases nocturnas cuando aún ni había hecho la tesis. La verdad es que para esa plaza sólo nos presentamos dos personas, no la quería mucha gente. Ganaba 36.000 pesetas al mes. Al principio simultaneé la docencia y la investigación. En esta Escuela pasé 10 años, hasta que en 2005 pasé a dar clase en la Escuela de Informática, un mundo que al principio no entendía pero al que me acostumbré rápido: descubrí los ordenadores, la computación, el gran vínculo que tiene con las Matemáticas… Forman un tándem magnífico, unidas generan algunas de las herramientas más potentes para hacer el mundo mejor.

 

¿Cómo fue el tiempo en que probaste en labores de gestión?

Fui subdirectora de Ordenación Académica de la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Sevilla entre 2000 y 2004. La primera mujer en el cargo. No me arrepiento, pero a ratos lo pasé mal. De las cuatro patas que tiene la mesa de la ciencia (investigación, docencia, gestión y divulgación), creo que la gestión es la más desagradecida. Pude comprobar que no me va ese mundo. Yo sufro de algo parecido a empatía patológica, y en gestión científica es imposible hacerlo todo a gusto de todos. Aprendí cosas, pero no terminó de compensarme trabajar con tanto cuidado, mirando cada paso que se daba, pendiente de muchos frentes, tratando de contentar, de equilibrar, de medir… Fue bastante agotador.

 

“El verdadero éxito de la divulgación científica llegará cuando se iguale al resto de la oferta cultural”

 

¿Cómo influyó la maternidad en tu vida profesional?

Tenemos dos niños, uno nació en 2002 y el segundo en 2004. Yo quería estar con ellos, con mi familia. Traté de dedicar más tiempo para mí y para ellos, dejé la gestión y busqué centrarme en docencia e investigación, pero di un nuevo bajón en mi faceta como investigadora, más grande aún del que ya había dado por ‘culpa’ de mi trabajo en gestión. Cuando los niños crecieron un poco pensé ponerme mucho más las pilas con la investigación, que también se había resentido.  Me fui a Barcelona a una breve estancia y a la vuelta exploté. Me diagnosticaron una depresión.

 

¿Cómo viviste esa situación?

Me di cuenta de que no podía ser la ‘super woman’ que creía que podía o debía ser. Estuve un año de baja laboral. Me sentía una inútil, estaba bloqueada. Además, notaba mucho lo efectos de la medicación, me sentía drogada. Fue mi marido, que me veía afligida porque no entendía los artículos que leía, quien me recomendadó escribir. Él sabía que, desde pequeña, me gustaba escribir y que, durante algún tiempo, pensé en ser escritora. Y ahí llegó, como parte de una mala situación, el momento que marcó el futuro de la divulgación a la que llevo años dedicando parte de mi tiempo.

¿Sobre qué comenzaste a escribir?

Abrí un blog personal que se llamaba Seispalabras. No escribía nada de ciencia ni de matemáticas, solo ficción y tonterías. Pero un día hice una entrada explicando mis tribulaciones al tratar de explicar a mis hijos de 6 y 8 años conceptos como el número pi o el infinito: se llamó Dios, pi y el infinito. De nuevo, la serendipia. Quería explicar algunas de las preguntas que me hacían mis hijos, y no me digas bien cómo este post llegó a Menéame, a todo lo alto. Se hizo viral, estuvo en la portada, lo leyeron mis alumnos, mucha gente… Hasta recuerdo que me llamaron de Radio Nacional de España (RNE), para una entrevista. De unas 200 visitas que solían tener las entradas del blog, ésta superó las 20.000.

Por otro lado, yo escribía en Twitter las frases que me hacían gracia de mis hijos y una amiga, Mamen Hernández, se las pasó a Raquel GU, que estaba escribiendo un libro sobre las ocurrencias de los pequeños. Raquel me invitó a la presentación del libro, ¡en Barcelona! Y allí me planté y en su fiesta me colé. Tras la presentación, mientras tomábamos unas sodas, un amigo de Raquel, Oriol Molas, nos propuso unir nuestras ‘fuerzas’ y escribir cuentos de matemáticas para niños. Paralelamente, Libro de Notas me pidió que hiciera eso mismo en su web. Y lo hicimos. Así nació el blog Mati y sus matiaventuras, que escribo junto Raquel GU. El primero de los cuentos, uno de mis favoritos, fue ‘El 1 nunca fue un soldado’.

 

¿Fue en ese momento cuando entras en contacto con Naukas?

Sí y no.  Escribí un pequeño cuento para explicar los conjuntos numéricos y el post funcionó otra vez muy bien. Lo recomendó Microsiervos y nos hicimos un poco ‘famosas’.

El blog de Mati y sus mateaventuras funcionó muy bien, incluso se colapsaba la página de las visitas. Aquello era divulgación para niños, familias y maestros. Pero mi divulgación para público general comenzó con un post que me pidieron para Gaussianos, un ‘tocho’ bastante largo pero que me gustó mucho escribir, en el que explicaba qué es la Geometría Computacional.

Yo seguía a Javier Peláez en Twitter pero no por su faceta de divulgación científica, no era (por entonces) una de mis aficiones, sino por la música que solía poner en esta red social. Un día anunció, en su cuenta de Twitter el evento Amazings de 2011. Y me dije, ¿por qué no? Me planté en Bilbao. Fui sola, no conocía a nadie. Y allí fue donde Javier Peláez me invitó a ser parte de esta familia y acepté con más miedo que vergüenza; aquello era algo muy grande para mí.

 

¿Qué impresión te causó el mundo Naukas? ¿Cómo lo definirías, tras diez años de vida de la plataforma?

Me encantó, volví emocionada, y empecé a escribir el blog en Amazings. Al año siguiente, en Naukas 2012, di mi primera charla, Voronoi y compañía, y hasta ahora.

Naukas es un grupo muy heterogéneo de gente que comparte conocimiento científico de manera altruista, en el que cada uno somos de nuestro padre y nuestra madre, con ideologías y formas de ver las cosas a veces muy diferentes. Pero, pese a tantas diferencias, hacemos comunidad, se ha conseguido formar una especie de familia que, por supuesto, no es perfecta. Muchos hemos forjado en Naukas grandes amistades, aunque evidentemente, no todos somos amigos de todos. Bueno, puede que Francis sí, porque es adorable e imposible enfadarse con él. Y, sin duda, Naukas Bilbao es el mejor evento de divulgación científica en España, con un ambiente único. El gran espectáculo de la divulgación científica.

 

“La divulgación ha pasado de esconderse a ser estimulante y gustar”

 

¿Cómo entiendes la divulgación científica? ¿Qué te aporta, y qué crees que aportas?

Confieso que, hace muchos años, al principio, me pasaba como a mucha gente: tendía a pensar que podía entenderse como una pérdida de tiempo o, mejor dicho, como un tiempo perdido que no se dedicaba a la investigación o la docencia. Incluso llevaba en secreto la divulgación que hacía. Pero pronto me di cuenta de que lo que hacía era bueno, para mí y para algunas personas. La divulgación científica ha pasado de esconderse a gustar y ser atractiva, el cambio se ve bien a lo largo de lo que llevamos de siglo y en la última década. Cada vez ocupa más espacio. Vivimos un buen momento. Incluso ya se reconoce por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) con sexenios de transferencia.

En el photocall de Talent Woman, en 2019.

¿Llega la divulgación científica a tanta gente como podría?

Siempre hay una burbuja. En Naukas se ve, pero también en el mundo de la divulgación científica en general. No es fácil llegar a la sociedad, a la gente que no tiene relación con la ciencia. Por ejemplo, en Naukas sabes que vas a gustar, que te van a aplaudir, porque hay una especie de fenómeno fan que se extiende a otros círculos de la divulgación. Cada vez somos más, pero aún notamos que hablamos para nosotros mismos y los que y nos siguen, aunque creo que esta sensación se va rompiendo poco a poco, que la burbuja, si no llega a romperse, sí tiene algunas vías de escape.

 

¿Qué crees que se puede hacer para romper esa burbuja?

Creo que el conocimiento y la divulgación hacia el público infantil, hacia los niños, es la clave. No todos los niños van a un museo de ciencia o a un evento de divulgación con su familia, pero sí van todos a la escuela. Ahí que llegar a la escuela. Y para eso también es fundamental llegar a los profesores, pero en el fondo se trata de los niños.

Como te decía, la burbuja se va abriendo, porque cada vez entramos más en las teles, las radios, las redes sociales. Pero hay que ir más a los coles, llevar allí la ciencia para que los chavales la conozcan. No se trata de metérsela entre ceja y ceja, sino de enseñársela, acercársela, para que si les apetece la incluyan en su vida y, si no lo hacen, al menos la comprendan cuando se la encuentran. No se trata de  captar vocaciones, ni conseguir que se conviertan en científicos, que también puede ser, sino facilitar que valoren la ciencia y contar una verdad: que la ciencia es importante.

Durante una charla en un IES en 2017; Clara considera que llevar la divulgación a las aulas es fundamental.

¿Es difícil que triunfe la divulgación científica si la ciencia en sí no se valora ni se conoce bien? Es decir, ¿qué es primero, la ciencia para que triunfe la divulgación, o la divulgación para que triunfe la ciencia?

Es una buena pregunta. ¿Puede la divulgación hacer que la ciencia importe? Es difícil, creo que es más sencillo al revés: cuando la ciencia ya es relevante para la gente es más fácil que lo haga su divulgación.  Como decía Francis Villatoro en la entrevista anterior, faltan referentes científicos que también sean referentes sociales. En el caso de las matemáticas, se me ocurre la figura de Jin Akijama, un matemático conocidísimo en Japón que tiene un programa en la televisión japonesa, en horario de máxima audiencia. Estuve una vez con él y la gente no paraba de saludarle en la calle, pararse a hablar con él, preguntarle… Eso es llegar a la gente, como puede pasar aquí con una actriz o un futbolista.

Volviendo a la pregunta, hace años te habría dicho que veía imposible que la ciencia se haga más importante para la gente gracias a la divulgación científica, pero con el momento en el que estamos, al que hemos llegado, ya no lo veo tan inviable. Difícil, sí, pero ahora se puede intentar con más opciones de éxito. La divulgación científica ha conseguido al fin ser un estímulo profesional y nunca ha tenido tantas opciones de llegar a todo el mundo que quiera conocerla.

Mi querido Enrique F. Borja se queja de que cuando él dice que es físico la gente siempre responde: “Anda, como Einstein” o “Anda, como Sheldon Cooper”. Yo le respondo que lo mío es más triste porque cuando digo que soy matemática la gente responde “Anda, como… como…” y apenas conoce el nombre de alguna matemática, real o de ficción. Si nombran a Hipatia ya te puedes dar con un canto en los dientes.

El éxito llegará cuando podamos poner la ciencia al mismo nivel que la oferta cultural, la música, el cine.

 



Por José Antonio Plaza, publicado el 4 enero, 2021
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