China, ciencia y tecnología

Cuando en Occidente se piensa en los conceptos de “China” y “tecnología”, normalmente vienen a la mente sólo dos pedazos de información: la Antigüedad y lo contemporáneo. En la Antigüedad, los chinos dieron al mundo la pólvora, la brújula, el papel, la seda y la imprenta. Después de eso, un vacío de siglos. Y a partir del siglo XX, que volvieron a la conciencia internacional, son los copiadores del mundo.

Esta simplificación, por supuesto, es muy equivocada. Parte de ella es resultado de la educación en Occidente, en extremo eurocéntrica y que durante mucho tiempo no admitió más historia de progreso que la propia. Parte también es porque objetivamente, China tuvo un tropezón de progreso que duró mucho tiempo y que sólo empezó a ponerse al corriente de la Revolución Industrial y de otros avances mucho después que lo hicieron las potencias europeas.

Otro tópico, es el que en Oriente el énfasis en la investigación siempre ha sido eminentemente práctico (ciencia aplicada) mientras que en Occidente la investigación abstracta (ciencia pura) ha jugado un papel mucho más importante. Este, sin embargo, tiene mucho de cierto: sin dejar de lado el hecho de que en China también hubo una larga historia de investigación matemática pura, la tecnología siempre fue con mucho la preocupación principal. La fascinante historia del desarrollo de la tecnología en China en tiempos clásicos tuvo su mejor defensor en Joseph Needham, que junto con un equipo de expertos, empezó a publicar a partir de 1954 una serie de libros (ya van 27) en los que se detallan las extraordinarias contribuciones que hizo esa nación a la ingeniería, la metalurgia, la botánica, la química, la elaboración de textiles y todas las demás ramas de las ciencias aplicadas.

La historia china, sin embargo, es una de sístoles y diástoles: apertura y cerrazón cíclicas cada vez que asciende y cae una dinastía. La tragedia mayor de China fue que la Revolución Industrial en Occidente coincidió con uno de sus periodos de cerrazón al mundo, y fue ese lapso de tiempo el que la hizo rezagarse de forma catastrófica: a mediados del siglo XIX perdió una guerra (la Primera Guerra del Opio) contra la superior tecnología de  Inglaterra ejemplificada en sus cañones de asedio.

Ahora bien: la segunda parte. “China hoy no hace más que copiar a todos y robarse la tecnología de donde puede.”

A este respecto, tanto EEUU como Europa se han quejado por los últimos 20 años de las prácticas “desleales” de China para hacerse de tecnología ajena. En un reciente arranque dramático, la Casa Blanca ha decidido aplicar tácticas propias de una guerra comercial abierta (tarifas, cuotas y bloqueos a empresas específicas) para castigar a China y cambiar sus esquemas. Esto es una barrabasada, pero además es injusto e ignorante de varias maneras. Demos un paso atrás y veamos un poco de historia reciente.

En estos días nadie dice de Japón ó de Taiwan lo que dice de China: nadie los acusa de ser copiadores baratos. Sin embargo, eso fue lo que fueron durante décadas. Hoy ya pasaron esa fase y China un día también la superará. ¿Cuál fue la diferencia? Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón quedó devastado y Taiwan era básicamente una isla desierta. En ese momento, la prioridad de EEUU era de dos partes: asentar su influencia en Europa y en Asia. En la primera, ejecutó el conocido Plan Marshall para la reconstrucción. En Asia la estrategia fue la de “contener a China”: el equivalente del Plan Marshall fue dar dinero a Japón, Taiwan y Corea del Sur para reconstruirlos y hacerlos aliados (también con una generosa dosis de bases militares) para que fueran ellos los que contuvieran el indeseable desarrollo de China. Ésta no tuvo más remedio que aliarse con la URSS para obtener tecnología, pero después de la muerte de Stalin (1952) una disputa ideológica hizo que las relaciones se enfriaran y que los científicos soviéticos regresaran a sus casas, dejando a China a su suerte.

Japón, Taiwan y Corea del Sur entonces avanzaron de forma rápida y homogénea, contando con todo el financiamiento y la asesoría necesaria. Pero los tres pasaron en los 70s y 80s por la fase de “copiones baratos”: en esas décadas decir “Hecho en Japón” era prácticamente decir basura. Sin embargo, aprovechando sus territorios y poblaciones mucho más manejables que China, superaron esa fase, invirtieron en investigación y desarrollo, y hoy han llegado a ser los innovadores y líderes que todos sabemos. China, con un territorio y una población enormes —y sin amigos— nunca pudo desarrollarse de forma homogénea. Eso sí: la inversión en educación e innovación siempre ha sido prioridad, aunque no haya podido hacerlo bien en las primeras décadas tras el fin de la guerra.

Aunque su población desmesurada fue un problema, China vio a finales de los 70 que podía jugar astutamente esa carta: sí, mi población es enorme y me va a costar mucho educarla y llevarla a ser de clase media, pero es también “el mercado más grande del mundo.” Este sencillo ejercicio de marketing le dio la llave para gran parte de su éxito de modernización. Veamos.

Las naciones europeas y estadounidenses, con su arranque con ventaja en el tema de industrialización, crearon empresas que en pocas décadas conquistaron sus respectivas industrias. Las empresas desarrolladas en otros países como América Latina, África o Asia no tenían esperanza de competir y no sólo eso: usando su poder político además del económico, se instituyeron en todos lados políticas de “no desarrollo.” Un ejemplo típico es México, que siendo vecino de la nación más poderosa y desarrollada, intentó sin éxito crear su propia industria automotriz y electrónica, ya que a su vecino no le interesaba tener competencia. A lo más, aportar mano de obra barata. De esta forma, se creó en 1965 el modelo de Maquiladora, que con la propuesta de ofrecer empleos en un país con carencias, no hizo más que hacer fábricas baratas pero nunca permitió transferir tecnologías. México es referente mundial en fabricación de automóviles; prácticamente toda las grandes automotrices tienen fábrica en México. Hubo un tiempo en el que todos los “Beetles” de Volkswagen se fabricaban ahí. ¿Cuántas marcas de autos mexicanas hay? Ninguna (y no por falta de intentarlo). Lo mismo con electrónicos, pantallas planas y un largo y triste etcétera.

Los chinos viajaron a México a finales de los 60 y vieron este modelo, que les dio una gran idea. Ellos podían hacer lo mismo, pero a diferencia de México, podían negociar. La propuesta fue simple y brillante:

¿Quieres tener acceso al mercado más grande del mundo? Vale, con dos condiciones: al establecerte aquí, tienes que tener un socio chino, y ese socio tiene que tener acceso a tu tecnología.

Las empresas occidentales hicieron sus números, les gustó lo que vieron y accedieron. En 1978 se creó la primera Joint Venture con General Motors, a la que pronto siguieron Volkswagen, Schindler, Wella y cientos más. Claro que no todo era lo que esperaban: el principal problema es que el mercado más grande del mundo no era homogéneo sino que estaba altamente regionalizado y no había redes logísticas nacionales. Las empresas extranjeras tardaron décadas en poder establecer sus redes para poder llegar a todo ese mercado; décadas que los chinos aprovecharon para entender las tecnologías y desarrollar empresas propias. Mientras que hoy México sigue sin una marca automotriz, en China hoy existen 487 empresas sólo de autos eléctricos.

La competencia china creció en estos 40 años, por supuesto. Ahora las empresas occidentales se quejan y acusan de “robo”. Pero un robo no se pone en un contrato. Además, las empresas occidentales han tenido un crecimiento espectacular en China: sus ganancias han sido estratosféricas y sus operaciones chinas, para muchas, son su principal fuente global de ingresos. Quejarse por los contratos de transferencia de tecnología, y ponerlos en la misma canasta de espionaje industrial, es ridículo. Otra queja más, ya con la economía digital moderna, es la “censura y el proteccionismo” que impide que muchos de los gigantes como Google y Facebook operen en China, mientras el gobierno chino apoya a sus propias empresas equivalentes.

Este tema es igual de abusivo.

Veamos: a diferencia de México, que ha tenido que ir abriendo sus mercados a las empresas transnacionales a medida que sale cada nueva tecnología, perdiendo en este proceso sus posibilidades de competir, China hizo una apertura altamente estructurada. Las primeras industrias en ser abiertas a la inversión extranjera fueron las de manufactura pesada, luego las automotrices, luego la electrónica, y así. Esto obedeció a un programa en el que se clasificaba a cada industria según su grado de sensibilidad estratégica. De esta forma, hoy mismo los sectores financieros y de comunicaciones siguen cerrados, así como gran parte de la industria online. Hacer otra cosa, como pide Occidente, es básicamente decir que aceptas que un gigante imparable entre a tu mercado y lo devore de un bocado. China no está dispuesta a hacer eso, por lo que sigue abriendo más industrias mientras se demora  para abrir otras, mientras asimila el conocimiento y puede preparase a competir.

La supuesta censura al internet tiene razones más poderosas y prácticas que lo ideológico (que es la típica explicación occidental): la industria del control de información es crucial en nuestra época. Pensemos en el monstruoso poder que tienen Google ó Facebook a nivel global, gracias a la increíble cantidad de información que acumulan acerca de sus usuarios. Y con antecedentes como el de Yahoo! ó Google cooperando con las agencias de seguridad del gobierno americano, o bien el reciente escándalo de venta ilegal de datos de Facebook, China lo que quiere evitar es que empresas estadounidenses sean las principales concentradoras de información de su propio país. Visto así, ¿no hace mucho más sentido? Deberíamos más bien preguntar, ¿por qué más países no hacen lo mismo? Europa acaba de tomar medidas precautorias contra Google, pues se da cuenta de la desventaja de que una entidad extranjera cree un monopolio —y más de información— en su territorio.

¿En qué fase se encuentra China hoy?

El país es tan vasto que su desarrollo es heterogéneo: cierto que hay muchas regiones llenas de fábricas con ínfima calidad que siguen manufacturando basura, pero al mismo tiempo hay supercomputadoras y casi casi materiales del futuro para fabricar Terminators. Y no me refiero al modelo obsoleto tipo Arnold, sino al de metal líquido.

Pero ahora mismo China se ha topado con una nueva pared: las enormes sumas de dinero que ha invertido en sus universidades y centros de investigación han redituado, pero no a la velocidad necesaria. Se necesita de una generación para tener la cantidad de científicos de alto nivel que aún requiere. ¿La solución? Ya no es transferir tecnología, sino importar cerebros directamente.

Hace 15 años empezó con una política de repatriación de talentos: buscando a los mejores chinos expatriados en Silicon Valley y el MIT, les ofrecían lo doble de lo que ganaran, más el tener un laboratorio propio, con tal de establecerse en China de nuevo. Han tenido un éxito mayúsculo pero aún no es suficiente: hace 10 años que se están estableciendo nuevas políticas de atracción de cerebros: programas como el de “Mil Talentos” ofrecen condiciones muy atractivas a científicos ávidos de continuar con sus investigaciones de ciencia de punta y que en sus países no encuentran fondos ó apoyos suficientes. Este programa es nacional, pero hay literalmente cientos de programas regionales, municipales ó promovidos por instituciones.

Por ejemplo, la Universidad de Zhejiang, una de las tres más prestigiosas del país, está invirtiendo 3 mil millones de dólares en la creación de Zijin Park: su propio parque de innovación tecnológica y promoción de empresas ahí creadas, además de tener uno de los programas más atractivos para la captura de talento. La foto de portada de este artículo es la maqueta de lo que será este parque. Además de eso, la universidad está aliada con el gigante de internet Alibaba, y con el gobierno de su provincia, en la creación de otro parque más: Zhejiang Lab. Este instituto, que es parte del complejo llamado China Artificial Intelligence Town, es otra inversión gigante enfocada sólo en inteligencia artificial, internet, interfase máquina-humano, y seguridad digital. Esta es una página de su presentación promocional:

Como vemos, en China no se hacen las cosas en pequeño ni se planea a corto plazo. Dentro de dos años quieren tener dos mil empleados, y para el 2030 llegar a 20 mil y ser líderes mundiales en las varias ramas de investigación en las que se enfocan. Además, son extremadamente flexibles en sus contrataciones: ¿el profesor quiere venir sólo un año sabático? ¿Quiere quedarse a vivir aquí? ¿Quiere tener dos empleos, mantener su puesto original en su universidad? ¿Viajar varias veces al año? ¿Crear su propia empresa en China, como dueño de su propiedad intelectual? ¿Buscarse un socio para una joint venture? ¿Tener su propio equipo de expertos para hacer investigación en su proyecto?

La respuesta a todo eso es, sí. Se puede.

Así que ya lo sabe: si usted es un investigador en alguna rama de ciencia de punta, ya sea teórica ó aplicada, considere a China como opción. Hay regiones en las que ya pasaron la fase de copiones y salteadores: en estas regiones los talentos que buscan investigar a sus anchas, son más que bienvenidos.

 

Referencias

Needham, Joseph, et al. Science and Civilisation in China. Cambridge University Press / Needham Research Institute. 1954-2016.

China Has 487 Electric-Car Makers, and Local Governments Are Clamoring for More. Washington Post. Julio 20, 2018.

Seth Fiegerman. Facebook is about to reveal whether data scandal hurt business. CNN Money. Julio 25, 2018.

Matthew Humphries. EU Fines Google $5.1B for Abuse of Power. PC Magazine. Julio 18, 2018.

Alfonso Araujo. Invertir en supercomputadoras. Periódico Noroeste. Julio 26, 2015.

Amanda Macias. Liquid metal discovery paves way for shape-shifting robots. Reuters, Abril 9, 2015.

The Recruitment Program for Innovative Talents (Long Term).

 

 

 

Nací en Monterrey, México, y estudié Ingeniería Industrial (especialización en Modelación Matemática) y música. El amor al arte marcial me llevó a China en el 2000, donde resido desde entonces. Estudié idioma e historia y luego fui investigador visitante en el Centro Internacional Wan Lin Jiang de Economía y Finanzas, así como profesor de economía e historia para extranjeros en la Universidad de Zhejiang. Actualmente dirijo en China la Oficina de Transferencia de Tecnologías (OTT) del Tecnológico de Monterrey.



Por Alfonso Araujo
Publicado el ⌚ 2 octubre, 2018
Categoría(s): ✓ #sinCiencia no hay futuro • Actualidad • Historia • Tecnología
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